Ay, la pereza que dan los problemas vecinales. Yo tengo un vecino (a mi izquierda) que tiene dos hijas adolescentes, estas hijas tienen novios y los novios tienen la mala maña de parquearnos el carro frente a la cochera. Recién pasados lo hacían más seguido, qué cansa'o estar tocándoles la puerta para que muevan el carro. Se les quitó la maña cuando Luis enjachó a uno de los chamacos un fin de semana que las chavalas aprovecharon que los papás no estaban para armar una fiestita y los noviecitos se quedaron a dormir. Por alguna razón que no entiendo el carro de uno de ellos amaneció bloqueando por completo la cochera y nosotros íbamos tarde para el trabajo (pa' variar). Yo hubiera preferido que Luis no los enjachara tan feo y que los güilas entendieran sin enjache, pero bueno, así fue como se dieron las cosas.
Ahora tengo la idea de que los vecinos -papás de las chamacas- no nos quieren mucho y es una lástima porque tener una buena relación con los vecinos es importantísimo. Y se los juro que yo soy buena vecina, si me piden una tacita de azúcar se las doy con muchísimo gusto y hasta les ofrezco el cafecito para acompañar.
Uno nunca sabe cuando va a necesitar de esos vecinos, una vez que Alicia se salió por debajo del portón la vecina (a mi derecha) me la atajó y hasta la metió a la casa y me llamó para avisarme que ahí nos la cuidaba mientras llegábamos. Esta vecina es un amor de persona, siempre nos avisa cuando se va a ir el agua y cosas así. Esta Navidad tengo que llevarle galletitas, mínimo.



