Hace dos noches, cuando ya teníamos más de 24 horas de que llovía y llovía me fui a dormir y no tuve esa sensación de qué rico dormir con lluvia sino más bien como con una inquietud rara. No sé por qué pero esa lluvia no tenía cara de traer nada bueno, hasta dejamos a los perrillos durmiendo adentro porque no tuve corazón de dejarlos afuera con este frio, aún con casita bajo techo y eso. No sé, tenía una sensación de fin del mundo que sigo sin poder sacudirme de encima.
Cada vez que hay una tragedia de estas al tico le sale muy bien eso de la solidaridad y es todo un orgullo cómo en cuestión de horas ya hay montadas operaciones de rescate, campañas de recolección de donativos y hasta avatares de facebook. Pero es una lástima que tenga que suceder una tragedia para manifestarla y en cambio todos los días que vamos por la calle logramos ignorar a los indigentes y chiquitos pidiendo en los semáforos, ni hablar de esos perritos mojándose en la lluvia que no logran atravesar la piel gruesa que sacamos para tolerar vivir en la sociedad de hoy.
Y no para de llover, ayer pareció que ya se había acabado el agua, pero no... no da tregua.



