Sí, ya pasó un año.
No, todavía no te he perdonado.
No, no creo que lo haga.
Sí, seguís siendo poca cosa.
No, no te volví a ver ni de cerca ni de lejos, por dicha. Sospecho que el universo me dejó en paz una vez que dejé de ir detestándote todo el camino al y desde el brete, siempre iba enferma porque sabía que me podía cruzar con vos. Una vez sí nos cruzamos por un minuto en lados opuestos de la misma presa, no te diste cuenta pero concentré todo mi asco hacia vos. Pero no, un día llegué a la oficina y ni me acordé de vos y ya no más.
