¿Free-tanga? ¡Fritaaaanga!
¿Por qué estoy de acuerdo con la prohibición de la venta de fritangas en las escuelas y colegios? Sencillo: porque no son buenas para los chiquitos.
Claro que tengo mil recuerdos de infancia con mis frituras en la Escuela México y en el Tacho -yo soy producto de la educación pública de tiquicia, 'chas gracias-. A la Escuela iba con veinte pesos diarios, los carajillos de plata llevaban cien y se compraban un combo de hamburguesa con coca en el recreo grande. Yo no me acuerdo si tenía un menú habitual pero sí sé que esos veinte pesos se iban en puras cochinadas, ricas cochinadas, pero cochinadas al fin y al cabo: bolis, Hi-Cs, Picaritas, gelatinitas, Botonetas, Chocolitos, Meneitos, Quechitos, yuquitas, etc. Creo que lo más saludable que compraba eran Rondelas, esas galletas cubiertas en chocolate con relleno de crema de fresa -sabor enteramente artificial porque nunca he probado una fresa que sepa así-. Qué ricas las Rondelas. Gaseosas no compraba porque eran muy caras y realmente nunca desarrollé mucho gusto por las gaseosas, disfruté la ocasional pitufa en bolsa como cualquier otro, pero siempre he sido más de juguitos o apretados -qué rico un apretado de cas ¿ven? esos con una cantidad decente de azúcar no son tan malos, son caseritos-.
