Hace días le ando dando vueltas a una de esas cosas que uno descubre sin querer en una conversación sobre cualquier otra cosa: soy feliz.
No sé si uds entenderán lo complicado de 1. aceptarlo y 2. sentirlo genuinamente.
Después de pasar mis veintes tratando de resolver mi infancia y parte de mis treintas lamentándome por haber desperdiciado tanto tiempo lamentándome, me concentré en mi futuro.
Yo siempre he sido una desvelada por el qué viene. Nunca ha sido suficiente ir un paso adelante, necesito ver el que sigue después de ese y tener claro para dónde voy y cómo llegarle, aunque luego cambie el rumbo. Aprendí a ser flexible con los planes, pero siempre tuve uno.
De repente, tres eventos en menos de seis meses se trajeron todo al suelo y un día no supe quién soy ni qué estoy haciendo. Tocó reconstruir, reinventar, remodelar y de paso recortar un par de cosas.