Ya casi no pienso en eso. Cada vez son más los días que ni me acuerdo, pero odio los que sí porque ahí se queda dando vueltas en el aire y lo encuentro bastante molesto.No lo odio a él, sólo tengo poca tolerancia para el derrotismo y eso fue lo que nos ganó. Entonces detesto acordarme de cómo me miraba y de la sensación cuando empezamos a hablar como quien no quiere la cosa.
Cuando lo conocí no pensé mucho de él, sólo disfruté nuestras conversaciones y agradecí la compañía, yo andaba en otras y él me cayó bien, es un carajo interesante. No sé cómo terminamos donde terminamos, pero fue bonito. Bastante bonito.